{"id":395,"date":"2010-08-11T11:37:55","date_gmt":"2010-08-11T14:37:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistanyt.com.ar\/?p=395"},"modified":"2010-08-11T11:37:55","modified_gmt":"2010-08-11T14:37:55","slug":"hacia-un-verdadero-realismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/hacia-un-verdadero-realismo\/","title":{"rendered":"Hacia un verdadero realismo"},"content":{"rendered":"<p>En otras palabras, hemos oscilado entre l\u00edmites te\u00f3ricos tan contundentes como opuestos: promover que los recursos productivos sean de pertenencia colectiva o asumir la m\u00e1s firme defensa de la propiedad privada y la libre empresa. Acotados por esta disyuntiva, las acciones de un gobierno s\u00f3lo pueden calificarse como \u201cbuenas\u201d o \u201cmalas\u201d, y, con igual criterio, se aceptan las regulaciones gubernamentales o se las rechaza terminantemente. En suma, Karl Marx o Adam Smith.<br \/>\nPero, con todo su fragor, la crisis internacional de agosto\/2008 demostr\u00f3 que ni la econom\u00eda ni la pol\u00edtica pueden seguir prest\u00e1ndose a esquemas tan r\u00edgidos. Comienza a dominar, en efecto, un criterio, seg\u00fan el cual cada situaci\u00f3n en particular requiere una decisi\u00f3n espec\u00edfica.<br \/>\nEs decir, ya no parecen valederas las doctrinas excluyentes. Hay problem\u00e1ticas -como la construcci\u00f3n de viviendas para los sectores pobres- que s\u00f3lo pueden resolverse en forma aceptable bajo el marco de la iniciativa p\u00fablica. Pero otros emprendimientos resultan poco competitivos o se burocratizan cuando est\u00e1n en manos del gobierno (la siderurgia, los ferrocarriles, la miner\u00eda, la petroqu\u00edmica), lo cual provoca verdaderas sangr\u00edas en las arcas oficiales. Y bajo tales circunstancias, no puede verse mal el hecho de que el estado se desprenda de ellos (siempre con la premisa de preservar los puestos de\u00a0 trabajo).<br \/>\nEn otras palabras, la complejidad del entramado econ\u00f3mico-financiero contempor\u00e1neo obliga a que las decisiones sobre qui\u00e9n se har\u00e1 cargo de \u00e9sta o aquella actividad se tomen caso por caso, sin tener que apelar -cual aut\u00f3matas- a la teor\u00eda.<br \/>\nLo mismo pasa con los niveles de regulaci\u00f3n que deben regir. Hoy ya no se puede sostener que una misma norma debe aplicarse en forma generalizada. Estados Unidos supo contar d\u00e9cadas atr\u00e1s con un sistema de aerol\u00edneas muy eficiente, econ\u00f3micamente estable y adem\u00e1s progresista, porque permit\u00eda que cantidades cada vez mayores de personas utilicen sus servicios. Sin embargo, en los 80&#8242; lo envolvi\u00f3 la doctrina de la desregulaci\u00f3n absoluta -\u201cDesregular es un beneficio para la sociedad y, por lo tanto, queda fuera de toda discusi\u00f3n\u201d (Margaret Thatcher, Buckingham Palace, 9\/10\/ 1978)-. La consecuencia directa de ello fue una pronta saturaci\u00f3n de ofertas, con desarrollos ca\u00f3ticos de rutas y tarifas, que hicieron quebrar a empresas de larga trayectoria. Las que pudieron sobrevivir, quedaron por largos a\u00f1os muy limitadas en lo financiero para crecer y modernizar sus flotas. En resumidas cuentas, fue un claro ejemplo de que los triunfos de la teor\u00eda sobre la sensatez, arrastran el amargo sabor de las derrotas.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 queremos decir? Simplemente, que a medida que el andamiaje productivo se vuelve m\u00e1s vasto y complicado, puede acrecentarse o disminuir la necesidad de controles oficiales. Eso s\u00ed: haya mucha, poca o ninguna regulaci\u00f3n, lo que nunca debemos abandonar es la protecci\u00f3n del futuro contra las urgencias e intereses del corto plazo, por m\u00e1s razonables que parezcan los argumentos que nos esgrimen. Esto va a ponernos de modo permanente frente a serios dilemas, especialmente en lo que se refiere al medio ambiente. No hay dudas de que diversas \u00e1reas boscosas y selv\u00e1ticas \u2013en particular, las tropicales- deben defenderse a rajatabla; pero existen otras cuya deforestaci\u00f3n resulta inevitable, sea por razones urban\u00edsticas o econ\u00f3micas. Del mismo modo, nadie en su sano juicio quiere que haya contaminaci\u00f3n en la atm\u00f3sfera; sin embargo, ninguna legislaci\u00f3n podr\u00e1 eliminarla por completo. Est\u00e1 claro, en ese sentido, que debemos tomar y aplicar decisiones sociales y pol\u00edticas que tracen l\u00edmites inexcusables a la tala y la poluci\u00f3n. Pero, \u00a1una vez m\u00e1s!, nos encontramos con que no existen reglas que sean v\u00e1lidas y \u00fatiles para todos los conflictos: debemos resolverlos caso por caso, dejando el manual en la estanter\u00eda cada vez que sea necesario.<br \/>\nHoy, a 21 a\u00f1os de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn, tanto los m\u00e9ritos del estado como las bondades del mercado siguen some-tidos a discusiones muy \u00e1speras. Lo que no puede discutirse es que junto al crecimiento econ\u00f3mico, debe crecer tambi\u00e9n la preocupaci\u00f3n por los pobres. La escuela p\u00fablica, la vivienda, el hospital sin aranceles, las bibliotecas populares, la defensa para quienes no pueden costearse un abogado, el uso gratuito de \u00e1reas recreativas, la ayuda a drogadependientes cuyas familias no pueden pagar tratamientos m\u00e9dicos, adquieren una importancia creciente en este contexto, apremiados como estamos por una realidad de 6.000 millones de personas habitando el planeta. As\u00ed, no es la doctrina o la teor\u00eda, sino el efectivo desarrollo econ\u00f3mico con progreso social\u00a0 lo que resulta decisivo para nuestro devenir. Y esto nos reclama, ya mismo, ideas originales y s\u00f3lidos cursos de acci\u00f3n.<br \/>\nRecuerdo, al respecto, la era de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, cuando se reafirm\u00f3 de manera notable el rol de las doctrinas. Hubo un esfuerzo denodado de polit\u00f3logos, economistas y comunicadores para mostrar al estado como un ente opresor por naturaleza (y, en consecuencia, nocivo para el conjunto social). En su trabajo \u201cLa era del prag-matismo l\u00facido\u201d, John Kenneth Galbraith menciona que Reagan manifestaba con vehemencia: \u201cEl estado no es la soluci\u00f3n, sino el problema\u201d. Y son, justamente, frases como \u00e9sta las que Galbraith m\u00e1s le reproch\u00f3: \u201cHe aqu\u00ed lo m\u00e1s cuestionable en alguien como \u00e9l, un verdadero adicto a la doctrina. En el accionar pol\u00edtico moderno, ya nadie puede guiarse por la creencia de que el estado es intr\u00ednsecamente bueno o malo. De hecho, Reagan contradijo en la pr\u00e1ctica mucho de lo que predicaba desde la tribuna: siempre utiliz\u00f3 al aparato gubernamental para dirigir abundantes recursos a quienes quer\u00eda favorecer, tanto sean los que prove\u00edan de armas a sus ej\u00e9rcitos, como los bancos que corr\u00edan peligro de caer en quiebra. Mientras tanto en el discurso insist\u00eda en la necesidad de que los mercados se depuren solos, y alababa las sustancias de la econom\u00eda libre\u2026\u201d<br \/>\nPrecisamente, viendo tanta hipocres\u00eda no vendr\u00eda mal abandonar las obsesiones por la doctrina, para asumir criterios m\u00e1s realistas. Tal vez no todos acuerden con esto. Por cierto, la influencia de los viejos y cl\u00e1sicos debates (socialismo vs. capitalismo, intervenci\u00f3n gubernamental vs. libre empresa, propiedad p\u00fablica vs. privatizaci\u00f3n, rol ben\u00e9fico del estado vs. gesti\u00f3n opresiva de los gobiernos)\u00a0 resulta demasiado fuerte. Es m\u00e1s: a menudo se evita tomar decisiones esenciales -que pol\u00edticamente resultan dif\u00edciles o adversas- afirmando que no son compatibles con la concepci\u00f3n pol\u00edtica que se sigue. En ese sentido, es muy usual escuchar a una persona definirse a s\u00ed misma como alguien \u201cde principios\u201d. No caben dudas de que suena mucho mejor que reconocerse como pragm\u00e1tico (es decir, dispuesto a tomar resoluciones pr\u00e1cticas y actuar en consecuencia).<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 es lo importante ahora? Sin dudas, privilegiar todo intento de cambio social y econ\u00f3mico que sea genuino. Pues bien, el individuo pragm\u00e1tico buscar\u00e1 respuestas concretas, en vez de escudarse en r\u00edgidas l\u00edneas de pensamiento y esquivar conflictos que ya son ineludibles. No por ser pragm\u00e1ticos estaremos abandonando las metas b\u00e1sicas de toda sociedad: comunidad integrada y bienestar general. Hoy todos deben tener oportunidades para trabajar, con chances de progresar econ\u00f3micamente. Y aqu\u00e9llos que no lo logren, deben contar con una red de seguridad social, basada -m\u00e1s que nada- en una buena educaci\u00f3n.<br \/>\nEsto, por supuesto, ya deja de ser una mera cuesti\u00f3n de doctrinas o teor\u00edas. Por el contrario, las excede largamente y define un contexto m\u00e1s amplio y exigente, que nos reclama tomar decisiones realistas en camino al bienestar general que todos anhelamos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pasada ya la primera d\u00e9cada de este nuevo siglo, cabe preguntarse si no es necesario desprendernos de algunas pesadas cargas, que muchas veces condicionan \u2013y en gran medida controlan- a nuestras pol\u00edticas p\u00fablicas. Desde 1848 (cuando apareci\u00f3 el \u201cManifiesto Comunista\u201d) cada pa\u00eds sujet\u00f3 su devenir hist\u00f3rico a una entre dos anclas posibles: o se est\u00e1 comprometido con el estado (y \u201clos beneficios que depara su accionar sobre la econom\u00eda\u201d), o se adhiere  incondicionalmente al capitalismo y su infinitud de mercados. Por Hugo Jos\u00e9 Monasterio. Director del Centro de Estudios Regionales &#8211; Universidad Fasta<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[7,20],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/395"}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=395"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/395\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=395"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=395"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistanyt.com.ar\/online\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=395"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}