Ciencia
De la encíclica del Papa a un premio argentino: el desafío de ponerle “rostro humano” a la Inteligencia Artificial
La spin-off tecnológica INARIA lanzó su segunda convocatoria federal. Busca proyectos con impacto social y responde al pedido de León XIV de subordinar la IA a la dignidad humana.
La revolución de la inteligencia artificial nos puso en un lugar incómodo. La ingeniería ya no puede avanzar sin la filosofía, y la fe ya no puede mirar para otro lado. Algo está cambiando y tanto en Roma como en Buenos Aires parece haber acuerdo: el desarrollo tecnológico tiene que estar subordinado a la persona.
Ese cruce se vio estas últimas semanas en dos hechos. En mayo el Papa León XIV publicó Magnifica Humanitas, su primera encíclica social sobre la IA. Y ahora, en Argentina, el Instituto Argentino de Inteligencia Artificial, INARIA, abrió la segunda edición de los Premios IA “Innovación para la Humanidad”.
INARIA nació en 2024 como spin-off del Polo Tecnológico Virtual VINTECAR 4.0. Desde el inicio se propusieron algo distinto a la lógica de “mover rápido y mejorar las cosas”. Apostaron a la docencia, al asesoramiento ético y a la transparencia algorítmica. Para ellos una IA no es mejor porque tenga más parámetros. Es mejor si sirve para incluir, para que una Pyme pueda competir, para que un hospital atienda mejor o para que el Estado sea más transparente. Por eso hoy articulan a laboratorios, universidades y empresas detrás de una misma idea: que la adaptación a la IA responda a problemas reales de la Argentina.
Esa misma preocupación llegó al Vaticano. En “Magnifica Humanitas” León XIV hace un paralelismo directo con “Rerum Novarum” de 1891. Entonces fue la Revolución Industrial. Ahora es la revolución de los algoritmos. El Papa no condena la técnica. Dice que no es mala en sí misma. Pero advierte algo clave: la tecnología nunca es neutral. Por eso pide límites concretos. Alerta por el uso militar autónomo, por los algoritmos que empobrecen el pensamiento, por la desinformación y por el riesgo de convertir a las personas en datos para vender. Y usa una frase que dio la vuelta al mundo: hay que “desarmar la IA”. Despojarla de sesgos corporativos y bélicos. Devolverle el centro al ser humano. “La tecnología debe construirse con el corazón humano en el centro para evitar que sea una amenaza”, escribió.
Lo que dice el Papa encuentra eco en lo que hoy se premia en Argentina. La convocatoria de INARIA no busca el mejor código. Busca el mejor propósito. Evalúa proyectos en cinco dimensiones: Personas, Prosperidad, Instituciones, Planeta y Ciencia. Quieren ver salud, educación y empleo protegidos frente a la exclusión automatizada. Quieren herramientas que fortalezcan la democracia y no la debiliten con sesgos. Y piden algo que rara vez se pide: que expliquen cómo gobiernan los datos y que demuestren impacto social real.
No es casual que todo pase ahora. En noviembre León XIV va a hacer su primera visita pastoral a la Argentina. Y cuando llegue se va a encontrar con un ecosistema que ya está discutiendo lo mismo que él.
La noticia ya no es cuántos teraflops tiene un servidor. El hito de este año es entender que desde la ciencia y desde la fe la respuesta es la misma: si la inteligencia artificial no se construye y se regula con el ser humano en el centro, se nos va ir de las manos. Si lo hacemos bien, puede ser la entidad más potente que tuvimos para una sociedad más justa.





